A sangre fría

A sangre friaLección de prosa directa, concisa, precisa, cautivante, A sangre fría es el ABC de todo aspirante a periodista, y una lectura altamente recomendable para quien se pregunte qué significa escribir bien. Piedra fundamental del género de non-fiction, el libro de Truman Capote se distingue además por reflotar la crónica policial desde otro ángulo: desde el testimonio protagónico de quien observa, escucha, pregunta pero nunca emite juicios de valor.

Se sabe. Esta obra empezó como cobertura periodística del crimen ocurrido en Kansas en 1959, y conocido como “la masacre de Holcomb”. El por entonces redactor del New York Times se tomó seis años para investigar de qué manera los ex convictos Perry Smith y Dick Hickock terminaron asesinando a una familia de farmers. Su memoria prodigiosa y su condición de sagaz entrevistador le permitieron entregar un trabajo fundamentado, completo, impecable, absolutamente profesional.

Justamente uno de los aspectos más interesantes de la novela es el retrato de estos dos jóvenes marginales que -condicionados por un contexto, un pasado, un destino- vuelven a caer en la delincuencia. Cuenta la leyenda que Capote entabló una relación muy estrecha con Smith y algo más distante pero igualmente productiva con el detective Alvin Dewey. De ahí que toda la información vertida se basara en datos concretos, comprobables, muchos de ellos convertidos en primicia.

Por supuesto, el otro gran mérito de A sangre fría tiene que ver con su habilidad para hacernos experimentar la intriga, el suspenso, el horror de lo acontecido. En este sentido, el libro da prueba de un notable manejo de ciertos recursos de ficción que terminan tiñendo -y enriqueciendo- las intenciones netamente periodísticas.

El año pasado, Bennet Miller buscó filmar los entretelones correspondientes a la redacción de estas páginas. Basado en la novela de Gerald Clarke, el cineasta neoyorkino expuso a un escritor obsesionado por su obra, convencido de la impronta imborrable que dejaría.

Y así fue nomás. De hecho, quien haya leído In cold blood jamás olvidará su rigurosidad, su contundencia, su vuelo, su perfección. Y seguramente también adherirá a esta efusiva recomendación dedicada a los aspirantes a periodistas, y a todo aquél que se pregunte qué significa escribir bien.

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PD. Sugerencia para después de haber leído la novela.
En su versión cinematográfica de 1967, Richard Brooks se encargó de transimitir el estilo riguroso y detallista de A sangre fría. Convertido en una suerte de alter ego de Capote, el director logró filmar en la misma casa de las víctimas, y en el mismo tribunal donde se llevó a cabo el juicio. Incluso consiguió a actores que, según afirman por ahí, se parecían notablemente a los verdaderos protagonistas de la historia.