The swan

The swanThe swan. Otro reality emitido por Warner Channel, cuyo título se mantiene en inglés aún para el público hispanoparlante. Otro reality que pretende imponer patrones, criterios, resoluciones, juicios de valor. Otro reality que, con la aparente excusa de brindarles oportunidades a todos («todas» en este caso), termina aportando su granito de arena a la cada vez más globalizada dictadura televisiva.

En esta ocasión, prevalece la dictadura de la apariencia. Aquélla que sostiene que la belleza -o mejor dicho, el cumplimiento de ciertas exigencias estéticas- es condición sine qua non para ser feliz. Aquélla que promete un éxito asegurado a quien se esfuerce por «mejorar» rostro, cabellera, anatomía, vestimenta, maquillaje, actitud.

Tal vez este programa impresione menos por las pretensiones de sus creadores que por el total acatamiento de sus participantes. Dicho de otro modo, llama la atención que -si bien expresan angustia y a veces dificultad a la hora de respetar las indicaciones de cirujanos, nutricionistas y estetas- las candidatas nunca se rebelan, nunca se retiran, nunca se arrepienten.

O al menos eso es lo que nos dejan ver. Porque -quién lo duda- El cisne (déjenme escribirlo en castellano) se circunscribe a un contexto reducido que exige la reivindicación permanente de la voluntad, el sacrificio, la tenacidad. Imagino entonces que cualquier comportamiento considerado contrario a estos valores será automáticamente repelido, léase «convenientemente editado».  

A título personal, lo que más me molesta de esta propuesta es el culto al estereotipo. Es la exacerbación de los cabellos largos y lacios, las narices respingadas, los labios carnosos, los pómulos altos, las cejas arqueadas, los pechos pulposos, las cinturas aspiradas, las nalgas levantadas, las piernas moldeadas, la piel estirada. 

Lo que más me impacta es la reacción de familiares y amigos que parecen «querer más» a sus esposas, madres, hijas porque se ven «lindas». Ni hablar de cuando hay niñitos en juego, y no reconocen a sus progenitoras transformadas.

Tal vez los productores de The swan deberían armar un especial sobre la vida de sus finalistas después del recauchutaje. Por ejemplo, podrían mostrar cuánto dura la autoestima fortalecida, el amor recuperado, la fama alcanzada, las promesas cumplidas.

Pero no. Después de todo, ¿por qué habrían de tomarse semejante trabajo cuando hasta el mismísimo cuento del patito feo se reserva el derecho de revelarnos el destino final del hermoso cisne?   

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PD. Haciendo clic aquí, los fanáticos de The swan pueden acceder a una interesante entrevista que el diario Página/12 realizara a la productora del programa, Nely Galán, en julio pasado.