Lucky Luke

Lucky LukeDescubrí Lucky Luke a mis 11 años, antes de iniciarme en el idioma inglés. Probablemente por eso aún hoy sigo hablando de «Luqui Luque», como si el tiempo no hubiera pasado, como si mi primera impresión de esta otra historieta guionada por René Goscinny siguiera intacta. 

Y de hecho así es. De tanto en tanto, cuando miro algún western, enseguida se me aparece el perfil del cowboy con jopito sobre la frente, pañuelito rojo al cuello y pucho entre los labios *. Y entonces recuerdo al caballo Jolly Jumper, a los «temibles» hermanos Dalton, al siempre acechante funebrero. E inmediatamente revivo aquel lejano oeste tan simpático como entrañable.

Los escalonados DaltonLucky es una suerte de llanero solitario, aunque sin la máscara ni la veta dramática del personaje televisivo. Famoso por disparar más rápido que su propia sombra (¡y no hablo metafóricamente!), el vaquero es obra del dibujante Maurice de Bévère, Morris para sus conocidos.

Un poco como Astérix, esta bande dessinée también se inspira en mitos, leyendas y personajes reales. De ahí, la caricaturización de los mencionados Dalton, que aquí se llaman Joe, Jack, William y Averell y que siempre andan juntos, alineados en fila, de menor a mayor. O la particiación en algunas entregas de los célebres Jesse James, Billy the kid y Calamity Jane.

Sin dudas, el comic sabe recrear al detalle la escenografía del western cinematográfico -el saloon, el banco, la cárcel, la alcaldía, el cartelito de «Wanted», la funeraria, el cementerio, las carretas, las calles polvorientas-, así como sus infaltables personajes -los sheriffs, los indios, las bellas damiselas, los caballos, y por supuesto los malos-. Tampoco faltan los acontecimientos de rigor, es decir, los duelos, los asaltos, las traiciones y los pavorosos ajustes de cuentas. 

En 1983, Lucky dejó de fumarDespués del fallecimiento del guionista francés en 1977 y del dibujante belga en 2001, las aventuras de Lucky Luke quedaron en manos de otros autores e ilustradores igualmente ocurrentes. La serie siguió creciendo hasta 2004, año en que se publicó La nueva provincia, última entrega. Desde entonces, los fanáticos de la historieta apelamos al recuerdo para compensar tamaño vacío.

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* En 1983, Morris reemplazó el típico cigarrillo por una ramita. El gesto le valió el reconocimiento de la Organización Mundial de la Salud.