Trenes

Fuera de las horas pico y de la rutina laboral, los trenes siguen manteniendo su encanto. A pesar de los ramales cerrados, de las estaciones inseguras, de los vagones desvencijados y de las locomotoras enquilosadas, la carrera sobre rieles invita al ensueño, al recuerdo, a la ilusión.

Los trenes siempre mantienen su encanto

Los trenes permiten viajar hacia atrás, de espaldas al lugar de llegada, con la mirada fija en el punto de partida. Nada más acogedor para las almas melancólicas que prefieren concentrarse en el pasado y desestimar el futuro.

En cambio, los pasajeros ansiosos, urgidos, decidamente encaminados podrán acomodarse de cara al punto de destino, y apostar a un trayecto directo, con escasas interrupciones. A su vez, los indiferentes elegirán pararse de frente a las ventanillas, sin pensar de dónde vienen o adónde van, entregados al discurrir de un paisaje intermitente y acompasado.

Fuera de las horas pico y de la rutina laboral, los trenes siguen manteniendo su encanto. Pregúntenles sinó a los nostálgicos, los expeditivos, los prescindentes.