Piel de chancho

Piel de chanchoPiel de chancho empieza bastante antes de que el público se acomode en la butaca. De hecho, mientras los espectadores ingresamos a la sala, nos sacamos los abrigos y nos sentamos, ya hay acción en la escena: una mujer se ocupa de ciertos menesteres domésticos mientras pispea un video porno. De esta manera, sin mediar introducciones formales, enseguida nos sumergimos en un retazo de vida privada, desgarradora, tremenda, brutal.

Alentado por el título de su obra, José María Muscari desolla vivas a la abuela, madre y nieta que protagonizan su obra. El joven dramaturgo expone a estas mujeres pertenecientes a tres generaciones distintas para que -juntas y por separado- manifiesten sus miedos, sus secretos, sus rencores más epidérmicos.

Aquí, la narración pasa por los cuerpos y sus síntomas. De ahí, la permantente alusión a la putrefacción carnal, a la represión sexual, a los desórdenes alimenticios, al alcoholismo. De ahí, la preocupación por la juventud, las apariencias, el qué dirán.

En este sentido, la anatomía femenina se convierte en caja de resonancia cultural y social. Por eso, los padecimientos de Nana, Ingrid y Luisa remiten a problemáticas tan contemporáneas como el desprecio por la vejez, la obsesión por la delgadez, la homofobia y otras formas de pacatería y discriminación. 

Por eso también, el vocabulario de los personajes, las referencias televisivas, las alusiones a determinados acontecimientos de público conocimiento construyen un contexto específico, típico de la actual clase media argentina venida a menos, víctima del «incendio» económico nacional. 

Sin dudas, la propuesta de Muscari se destaca por dos motivos principales. Primero, porque parte de un excelente manejo del lenguaje que permite recrear situaciones y personajes reconocibles, además de combinar ironía, dramatismo, desenfado. Segundo, porque cuenta con las muy buenas actuaciones de María Aurelia Bisutti (quién hubiera imaginado el despertar teatral de esta estrella de la telenovela), Armenia Martínez y Laura Espíndola.

Por todo esto, bien vale la pena darse una vuelta por el Teatro del Pueblo, y atreverse a mirar qué cubre la indiscutiblemente urticante Piel de chancho. Por las dudas, conviene llevar un buen ungüento.