Soldado anónimo

Soldado anónimoCon Soldado anónimo me pasó lo mismo que con Belleza americana, «el otro» título de Sam Mendes. La encaré con sumo entusiasmo, creyendo que se trataba de una película sin pelos en la lengua, urticante, y terminé desinflada en el sillón, con las expectativas por el piso, consolándome con las buenas intenciones de un director que parece temerle a su propio espíritu crítico.

Jarhead -tal es el título original en clara alusión al apodo de los marines norteamericanos*– es un film antibélico, que denuncia el afán ocupacionista e intervencionista (imperialista, dirán algunos) del gran país del Norte. En este sentido, pocas muestras tan representativas como las maniobras realizadas en 1990 en Kuwait, y ningún recurso narrativo más efectivo que el relato testimonial.

De ahí, la decisión de retomar el best seller publicado por Anthony Swofford, soldado enviado a Arabia Saudita cuando la primera Guerra del Golfo. De ahí, los esfuerzos de Mendes por introducirnos en la cabeza de un uniformado, y empaparnos con pura experiencia real.

Los espectadores asistimos entonces al típico adoctrinamiento militar suscripto al lavado de cerebro, al abuso de poder, a la aplicación de castigos ejemplares. También presenciamos la puesta en marcha de un accionar ofensivo que especula con la desinformación, el maltrato, la enajenación.

En realidad, nada demasiado nuevo. De hecho, son varias las películas (y los libros) que denuncian la arbitrariedad, la brutalidad, la locura propias de los ejércitos y las guerras. Pensemos en obras tan disímiles como Apocalypse now, Sin novedad en el frente e Iluminados por el fuego.           

Es que, seamos francos, Soldado anónimo no se destaca por nada en especial. Lejos de aprovechar el caso particular de Swofford (¿por qué no haber explotado las contradicciones, el sufrimiento de un jarhead que lee a Albert Camus?), Mendes tiende al «yo acuso» superficial, convencional, previsible.

Encontraremos, por lo tanto, las referencias obligadas (a los intereses petroleros, a la industria bélica, a las alianzas estratégicas, a los gobiernos títeres) y las imágenes de rigor (crisis de nervios, algún bombardeo, cuerpos carbonizados). Asimismo nos toparemos con actuaciones comprometidas, especialmente la de Jake Gyllenhaal, y con una producción dispuesta a todo, incluso a llevarnos al desierto.   

Sin embargo, la propuesta no alcanza. Al contrario, nos deja con el sabor amargo de las promesas incumplidas, y con la triste sensación de que Sam Mendes nunca entrega lo mucho que tiene para dar.

——————
* La traducción literal de «jarhead» sería algo así como «cabeza de tarro». En un sentido metafórico, el término hace alusión al cerebro vacío o «vaciado».