Descarrilados

Descarrilados«No hables con extraños». «No cedas a la tentación». «Cuidá tu familia, tu casa, tu trabajo». «Sé fiel»… Ésta es la batería de advertencias que emerge desde el fondo de Descarrilados, film cuyo argumento tiene mucho de moralina puritana y -contrariamente a lo que pretende- bastante poco de intriga y acción.

Basada en la novela del ignoto James Siegel, la adaptación del sueco Mikael Håfström parece rendirle tributo a películas como Atracción fatal o Acoso sexual. Me refiero a esas historias donde lo que en principio parece una simple e inofensiva canita al aire termina convirtiéndose en una pesadilla interminable.

Desde este punto de vista, Charles Schine comparte varios puntos con los recordados Dan Gallagher y Tom Sanders. De hecho, estos tres personajes son padres de familia, trabajadores, probos, tal vez un poco inflados de la vida matrimonial pero sin la menor intención de abandonarla…

… hasta la aparición de una fémina bella, inteligente, atrevida, irresistible, agente insospechado de desvío y destrucción. Y así, una vez más, los hombres vuelven a ser Adán; las mujeres, Eva y el paraíso, un bien desestimado, perdido, añorado (en ese orden).

Sin embargo, Hollywood es mucho más benévolo que la Biblia; por eso los héroes de celuloide siempre tienen la oportunidad de recuperar su pequeño Edén. Claro que antes deben sufrir y aprender la lección. Recién después podrán redimirse.

En Descarrilados, Clive Owen insiste en repetirse (¿llegará el tiempo en que abandone su pose recia y parca?) y Jennifer Aniston sigue esforzándose por despegarse definitivamente de Rachel (cómo le cuesta). Por suerte, el francés Vincent Cassel salva un poco la situación con un malo-malo casi antológico.

Resumiendo, la de Håfström es una propuesta más, de ésas fácilmente olvidables, de ésas que -como toda oveja descarriada- nunca pero nunca llegan a buen puerto. Amén.