El sol de cada mañana

El sol de cada mañanaNi lerdos ni perezosos, probablemente alentados por el éxito de Piratas del Caribe 2, los distribuidores de videos/DVDs lanzaron la «otra película» de Gore Verbinski. La que pretende rescatarlo del reconocimiento masivo, la que promete liberarlo del encasillamiento, la que busca situarlo más allá del mero entretenimiento. Sin embargo, El sol de cada mañana no cumple con ninguno de estos objetivos. Al contrario, nos deja con la sensación de que el cotizado director pierde pie en cuanto se aleja de la aventura y la fantasía.

Vaya uno a saber porqué, Hollywood siempre demostró un curioso interés por quienes pronostican el tiempo en televisión. De ahí la aparición de personajes inolvidables como el desesperado Phil Connors de El día de la marmota *, la ambiciosa Suzanne Stone Maretto de Todo por un sueño, y la meritoria Sally/Tally Atwater de Algo muy personal

Con semejantes antecedentes, The weather man (prefiero el título original) ocupa un lugar deslucido en la colección de fábulas que enfrentan la fatalidad del destino con la capacidad de predicción. Por un lado, Verbinski no posee el sentido del humor de Harold Ramis, ni la ferocidad de Gus Van Sant, ni la veta melodramática de Jon Avnet. Por el otro, tampoco logra darle una marca propia, contundente, específica, única, inconfundible a su propuesta. 

Por si esto fuera poco, estamos ante un film que prefiere aleccionar antes que narrar. Por eso debemos soportar no una, sino varias moralejas: sobre la familia (particularmente la relación entre padres e hijos), sobre el verdadero crecimiento personal, sobre la vida, sobre la muerte.

Si a esto le sumamos la interpretación lineal, desafectada, monótona de Nicolas Cage y Michael Caine, entonces el aburrimiento se convierte en soberano e irremediable. A partir de entonces, uno se convence de que El sol de cada mañana no rescata ni cumple ni encuentra. Es apenas «otra película» que no conviene ver.

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* Película cuyo título también fue traducido como Hechizo del tiempo.