Por amor a Julia

El elenco completo de Por amor a Julia. Foto gentileza de Silvina PizarroEl lunes pasado, Héctor Oliboni y elenco presentaron su versión de Por amor a Julia, título del ya fallecido Carlos Creste, mejor conocido como Alberto Adellach. La cita fue en el Teatro del Pueblo, y la propuesta cumplió con un cometido fundamental: reivindicar la figura de este dramaturgo argentino comprometido con su tierra, quizás por eso mismo víctima del exilio y ahora olvidado por sus compatriotas.

Éste no es precisamente un reestreno, sino un trabajo de adaptación. Por lo pronto, Oliboni se permitió transformar la trilogía de Adellach en una pieza teatral conformada por dos «capítulos». A pesar de la fusión, el espíritu original de la obra se mantiene, es decir, su interés sigue girando en torno a Julia, personaje erigido en tanto encarnación o símbolo de la Argentina.

Efectivamente, esta mujer -como el país- se encuentra atada a un pasado doloroso. Quiere superarlo pero no puede; quiere superarse a sí misma pero fracasa. Su destino trágico es comparable al de Antígona. De ahí la soledad final. De ahí el remedo de gorro frigio improvisado en su cabeza, como si se tratara del retrato de una República menospreciada, usada, violada.

Por momentos, la protagonista parece evocar los versos de la canción de Serú Girán, No llores por mí, Argentina *. En ese sentido, la actriz Andrea Juliá acierta en su composición fragmentada de una piba de barrio a veces alocada, otras deprimida, siempre confundida, perdida, herida.

Sin dudas, ésta no es sólo la representación de nuestra nación, sino también de una época: los años ’60. Así encontramos la evidencia del boom psicoanalítico (la mención de una sesión de terapia), la alusión al nacimiento de la industria nacional (la proliferación de «empresarios» autóctonos), la referencia a cierta apertura sexual (la preferencia por «los muchachitos», confesada por uno de los personajes). Lo constatamos también en el vestuario de Sabrina Reynoso, y en parlamentos que recrean el vocabulario y los modismos típicos de aquel entonces.

Entre las dos partes de la obra, me quedo con la primera. Por un lado, es más sucinta, más dinámica, menos redundante que la segunda. Por el otro, las actuaciones presentan matices más interesantes (en este punto, cabe destacar la interacción entre Juliá/Julia y Lisandro Dupont/Gabriel). 

Seguramente, a medida que transcurran las funciones, Olibani y elenco irán puliendo desprolijidades típicas de toda presentación inaugural. Con el tiempo, los actores se soltarán más, y el juego de luces y musicalización será más fluído. Mientras tanto, Por amor a Julia vale por su intención de rendirle homenaje a una época, a un país y sobre todo a un nombre, Alberto Adellach. 

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* Pienso especialmente en los siguientes versos:
Estás enferma de frustración
y en tu locura no hay acuerdo.
Una hiena al reír,
pero al almuerzo con los cerdos.