Los tres entierros de Melquíades Estrada

Los tres entierros de Melquiades EstradaHacía tiempo que una película no me daba una sorpresa tan grata, de ésas que exaltan la pasión por el cine. Sabrán obviar mi torpeza; esto es lo primero que se me ocurre para invitarlos a descubir Los tres entierros de Melquíades Estrada, ópera prima del actor Tommy Lee Jones, que ahora promete -y mucho- como director.

Decididamente 2005 fue un año significativo para el western. Los espectadores recordarán el simbronazo causado por Secreto en la montaña, largometraje que sacudió el mito del Lejano Oeste por partida doble: primero porque la historia de amor entre Ennis y Jack hirió de muerte al cowboy macho al estilo John Wayne; segundo porque el director Ang Lee se permitió describir a vaqueros explotados, marginales en su propia tierra.
 
Son pocos, en cambio, los que tuvieron el gusto de dar con Los tres entierros…, título también estrenado en 2005 pero prácticamente ignorado por las distribuidoras (en la Argentina, las salas del circuito comercial nunca lo exhibieron, y recién ahora salió la edición en video/DVD).

Vaya injusticia, porque la propuesta de Jones es igualmente osada, profunda, conmovedora. Y esto sin necesidad de recurrir al toque transgresor, espectacular, sin dudas redituable de la cuestión homosexual. 

Este drama también es un retrato crudo del sur norteamericano, en este caso, de la frontera con México. Evidentemente, el guionista Guillermo Arriaga aprovecha la amistad entre Pete Perkins y Melquiades Estrada para hablar de cierta realidad tejano-chicana.

Fiel a su estilo, el responsable de Amores perros y 21 gramos propone un relato cuya introducción fragmentada permite hacer una presentación acabada de personajes y hechos. En este punto, caba destacar la ausencia de estereotipos: aquí hasta el tipo más noble posee su faceta oscura y hasta el canalla más repugnante tiene chances de redención.

Por su parte, Tommy Lee Jones merece un reconocimiento especial porque dirige de manera sobria, pertinente, acertada, y porque se encarga de uno de los roles protagónicos con absoluto compromiso y sensibilidad. Por si esto fuera poco, también hace gala de un bilingüismo espontáneo, que le suma credibilidad a su Pete Perkins.

En cuanto a los demás actores, todos se destacan. Sin dudas, quienes se llevan las palmas son los casi desconocidos Barry Pepper y Levon Helm. El primero interpreta a Mike Norton, personaje clave, probablemente el más enérgico y complejo. El segundo aparece escasos minutos, y sin embargo su composición de un viejo ciego «se roba» la pantalla. 

Por donde se la mire, Los tres entierros de Melquíades Estrada tiene algo que ofrecer. En términos universales, una magnífica fábula sobre la amistad, la solidaridad, el amor al terruño, la muerte, la culpa y el perdón. Desde un enfoque regional, el retrato de un Estados Unidos profundo, puritano, arbitrario, brutal. Y desde un punto de vista estrictamente cinematográfico, la recuperación de un género que hasta el año pasado dimos por muerto.