La comedia del poder

La comedia del poderY sí, señoras y señores, la última película de Claude Chabrol es una comedia sobre -chocolate por la noticia- el efecto embriagador del poder. En esta fábula no tan fábula, caen todos: funcionarios y empresarios, famosos y anónimos, probos y corruptos, inocentes y culpables. Así y como en otras ocasiones, el veterano cineasta francés vuelve a basarse en hechos reales para apuntar al costado competitivo, inescrupuloso, arribista, vulnerable de la condición humana. Y una vez más, su disparo acierta justamente en el blanco.

Inspirada en el resonado affaire Elf que tuvo lugar en Francia a fines de los ’90*, La comedia del poder (prefiero su título original, que habla de “borrachera”) parece dejarnos una enseñanza básica: la que sostiene que, en un mundo gobernado por la corrupción y el abuso de autoridad, lo único que nos queda es el sentido del humor.

De ahí la mirada pícara, cuando no cínica, de Chabrol. De ahí, la invitación a un divertimento que se manifiesta desde el comienzo mismo del film, con la aparición de la la típica advertencia, leve y graciosamente tergiversada, sobre la coincidencia “fortuita” entre ficción y realidad.

Y la verdad es que uno no lo pasa mal en el cine. Primero porque asistimos a una sátira del poder que se burla tanto de “los malos” (señores elegantes que complotan mientras mojan la punta de sus cigarros en cognac) como de “los héroes” (en este caso, una jueza autoerigida en paladín de la anticorrupción, pero igualmente víctima de la ambición). Segundo porque tenemos el gusto de (re)encontrarnos con una Isabelle Huppert distinta, liberada del karma de interpretar a mujeres retorcidas, perversas, canallas. 

Si prestamos atención a su filmografía, enseguida notaremos que Chabrol tiene una especie de obsesión por las relaciones de poder. En La dama de honor, en Gracias por el chocolate o en La ceremonia (mi preferida) las describió en el ámbito privado, y haciendo hincapié en su costado monstruoso, patológico. En cambio, en No va más, el contexto fue más público (o menos intimista) y la mirada, mucho más ligera, incluso piadosa.

Por su parte, La comedia… parece revelar cierta resignación o sabiduría. En definitiva, para qué preocuparse por un mundo donde la farsa del poder sigue su curso indefectible, aquí como allá, ahora como entonces. Al final de cuentas, quizás convenga imitar a Su Señoría Charmant-Killman, mandando todo a la mierda y tomando una saludable distancia de quien(es) corresponda, con un escueto pero decidido “que se las arreglen”.

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* El Fondo de Cultura Económica publicó una página muy interesante sobre el caso Elf, más precisamente sobre la jueza involucrada, Eva Joly. Para acceder al material, por favor hagan clic aquí

Otro dato curioso: en marzo pasado, la jueza en cuestión manifestó su desagrado ante el estreno de la película, e incluso amenazó con entablar una demanda contra Chabrol por haber revelado detalles de su vida privada. El sitio francés Allociné, publicó la noticia alusiva aquí.

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

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