Derecho de familia

Derecho de familiaCon Derecho de familia, me sucedió algo raro… Cuando la vi en el cine, me gustó. Aunque no me pareció la mejor película de Daniel Burman, igualmente me entretuvo; pasé un buen momento. Sin embargo, vaya uno a saber porqué, con el tiempo empecé a recordar ciertas cuestiones que me hicieron cambiar de opinión.

En primer lugar, me di cuenta de que Daniel Hendler me saturó. O, mejor dicho, me saturaron los personajes que suele interpretar.

Porque es muy ocurrente eso de que el protagonista Ariel Perelman sea una continuación de Ariel Makaroff (El abrazo partido), que a su vez es una prolongación de Ariel Goldstein (Esperando al Mesías). Pero también es cierto que el actor uruguayo siempre juega con una misma actitud -displicente, inalterable- que termina cansando.

En segundo lugar, me descubrí molesta ante la reiteración del mensaje sobre la familia, sobre la relación entre padre e hijos, sobre el pasaje a la adultez. Es como si de repente el film hubiera sido copado por el típico discurso ombliguista de clase media: yo, yo, yo y nadie más que yo (además de mi esposa, mi hijo, mi viejo, mi laburo, mi tiempo, mi dinero, etc.). 
 
Desde este punto de vista, da la sensación de que Burman cambió de rumbo. Si antes pintaba su aldea para pintar el mundo, ahora hace como que pinta el mundo cuando en realidad está pintando su pequeña aldea.

Sin dudas, esto resulta muy loable a modo de reflexión propia, privada. Pero al menos en esta ocasión, es poco interesante en términos cinematográficos. 

En fin… ¿Les dije? Con Derecho de familia, me sucedió algo raro. Y todavía no puedo entender porqué.