Cierre anunciado

Se aproxima el final del cine Cosmos titula, lacónico, el diario La Nación. El autor de la nota, Carlos Ulanovsky, anuncia que la mítica sala está en venta, y que probablemente una cadena hotelera extranjera termine comprándola.

Con este cierre definitivo, desaparece un invaluable referente de la cultura ciudadana, el refugio de los espectadores que le huyen al circuito comercial, el silencio de quienes saben mirar cine sin mascullar ni masticar pochoclo. Así, de repente, concluye la historia iniciada en 1955 por Isaac Vainikoff. 

El cartel delata la venta del Cosmos (Foto de La Nación)

Según sus actuales responsables, hijos del fundador, el Cosmos terminó acorralado por la competencia cada vez más despiadada, por la falta de subsidios oficales, por la exigente cuota de pantalla para películas argentinas, por las nuevas normas edilicias post-Cromagnon. De ahí la inevitable decisión de ponerle fin al viejo emprendimiento familiar.

Es un hecho: a un mes del lamentado desalojo del Bar Británico, la ciudad de Buenos Aires está a punto de perder otro bien de su maltratado patrimonio. Y así, de a poco, los porteños también perdemos parte de nuestra abofeteada y cada vez más empobrecida identidad.