Piratas del Caribe. El cofre de la muerte

Piratas del Caribe. El cofre de la muerteDespués de una seguidilla de películas dramáticas, un cambio de aire -de género, para ser más precisa- no viene nada mal. De ahí mi «¿por qué no?» cuando el viernes pasado me invitaron a la avant-première de Piratas del Caribe. El cofre de la muerte, propuesta de Disney que apuesta a la aventura, al misterio, al romance, al humor.

Antes de seguir, una aclaración importante: no tuve el gusto de ver la primera parte de esta secuela. Por lo tanto, me encuentro impedida de hacer el balance de rigor (en cierta medida, mejor: las comparaciones suelen resultar odiosas).

Ésta es entonces la reseña de una no-fan, de alguien que hasta ahora desconocía el charme de Jack Sparrow y la grandilocuencia de sus correrías marítimas. En otras palabras, éstas son las impresiones de una espectadora inexperimentada y desprevenida.

Desde este punto de vista, lo más divertido del film de Gore Verbinski es sin dudas el protagonista, es decir, el trabajo de Johnny Depp. Una vez más, el actor fetiche de Tim Burton sorprende por su picardía, por su desenvolvimiento cómodo y espontáneo dentro del género fantástico (lamentablemente no puede decirse lo mismo de los acartonados Orlando Bloom y Keira Knightley).

Otro reconocimiento indiscutible va para los responsables del vestuario, el maquillaje, los efectos especiales y la escenografía, capaces de recrear un mundo de ensueño pero absolutamente creíble. Basta con prestar atención a los atuendos de época, al rostro de los malos, al interior de barcos y tabernas para imaginar la dedicación y el capital invertidos en esta producción.

Con tanto a favor, es una pena que el guión no se encuentre a la altura de las circunstancias. Me refiero, por un lado, a la extensión del largometraje, a su falta de síntesis (¿quizás la falla se deba a que fueron cuatro -4, CUATRO- las personas encargadas de escribir la historia?).

Por el otro lado, está esa marca inconfundible de «hacemos-esta-secuela-porque-la-primera-parte-fue-todo-un-éxito-y-ya-nos-preparamos-para-la-tercera-así-ganamos-más-guita». De ahí, el consecuente desenlace soso, inconcluso, con alevoso final abierto.

De todos modos, al margen de ciertos aspectos reprochables, Piratas del Caribe 2 es una película atractiva, entretenida, acorde al clima relajado de las vacaciones de invierno, y recomendable para quienes quieran reemplazar (aunque sea por un rato) drama por aventuras.