La mujer sentada

La mujer sentadaOjalá alguna vez se repita. Mientras tanto, no queda más que recordar la puesta en escena con la que Alfredo Arias y Marilú Marini recrearon La mujer sentada, historieta del famoso dibujante Raúl Damonte Botana, mejor conocido como Copi. Ya pasaron ocho años, y sin embargo quienes vimos la obra en el Teatro San Martín difícilmente olvidaremos un unipersonal tan gráfico, en el sentido metafórico y literal del término.

Coincidencias de la vida, los tres responsables de esta pieza comparten la nacionalidad (argentina) y una segunda patria (Francia). Pero, a diferencia del montón, ellos sí supieron convertirse en profetas en su tierra. De ahí la repercusión generalizada cuando Arias y Marini se presentaron ante el público y los medios vernáculos (para ese entonces, Copi ya había fallecido).  

Sin dudas, lo maravilloso de este trabajo tuvo que ver con la osadía de llevar una historieta a las tablas. Es que, en medio de tanto adelanto técnico en animación cinematográfica, el teatro se presentaba como un ámbito totalmente inapropiado, incluso absurdo, para el lucimiento de un dibujo.

Sin embargo, la adaptación de Arias y la interpretación de Marini lograron lo imposible. Tanto que fueron capaces de mostrarnos a la mujer sentada exactamente como la gente la había imaginado: señora sola, estática, indiscreta, habladora, jueza implacable de su entorno, de su época, y hasta de sí misma.

Por supuesto, el peso de la obra cayó enteramente sobre los hombros de la actriz, admiradora confesa (para muchos, heredera artística) de Niní Mashall. Y, fiel a su trayectoria y a su formación, Marilú supo desplegar toda su gestualidad, su versatilidad, su comicidad, su inteligencia para hacernos gozar de una historieta hecha teatro, hecha realidad.

¿La imaginan en escena?Es increíble todo lo que una mujer puede pensar y decir desde una silla. Lo vimos desde una perspectiva trágica en 4.48 Psicosis, y desde un punto de vista humorístico en La mujer sentada.

Evidentemente, el teatro necesita muy poca parafernalia para atraparnos, deslumbrarnos, y dejarnos ahí, quietitos, sintiendo, pensando y recordando. Por eso, siempre esperamos repetir la experiencia.