Más allá de la muerte

Más allá de la muerte¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué Hollywood tiende a malograr ideas que a priori suenan bien? ¿Por qué suele caer víctima de la previsibilidad y la pacatería? ¿Por qué se mete con temas profundos como la muerte, la memoria, el futuro, si después termina perdiéndose en un discurso cursi y volátil? Las hipótesis son varias, pero no hay entendimiento que valga. De ahí, quizás, mi santa indignación.

El agente del enojo, Más allá de la muerte. Sus responsables, básicamente dos: el director Omar Naim, de origen jordano y escueta trayectoria (me pregunto si no será uno de esos realizadores fantasmas que sirven como autores ficticios de los bodrios más flagrantes), y el actor Robin Williams haciendo alarde (¿?) de su faceta "seria".

Ambos se encargan de destrozar una historia en principio interesante, que gira en torno a la posibilidad de almacenar y editar los recuerdos de la mente humana. Por un lado, Naim construye un relato repleto de lugares comunes, y por lo tanto obvio, pesado. Por el otro, Williams alterna entre la sobreactuación y la inexpresividad.

Para completar el panorama, están Mira Sorvino y James Caviezel. La primera, casi irreconocible (¿dónde quedó la chispa que alguna vez la distinguió?). El segundo, parco como de costumbre. 

The final cut es el título original del largometraje. Ojalá sus creadores se tomen a pecho el concepto y algún día entiendan la necesidad de un corte definitivo … en sus carreras.