El latido de mi corazón

El latido de mi corazónTomás Seyr no puede parar; no puede estar tranquilo. Su mirada furtiva, desbordada, agresiva delata los desvaneos de un espíritu inquieto, conflictuado, insatisfecho. Al personaje lo tironean, de un lado, un presente brutal, frustrante pero conocido (por lo tanto, seguro) y, del otro, la posibilidad de un cambio radical, liberador aunque angustiosamente incierto.

La lucha interna de Tomás conforma el nudo central de El latido de mi corazón, largometraje francés que desafía la tendencia habitual y propone su propia versión de un film norteamericano. Por lo pronto, la remake confirma dos cosas: el talento del director Jacques Audiard y, por comparación, la mediocridad de Hollywood a la hora de recrear viejos títulos*.

Al margen de la referencia a su antecesora, esta película posee brillo propio. Para empezar, sabe explotar al máximo los elementos del thriller psicológico: la atención otorgada al comportamiento del protagonista, la importancia concedida a las pasiones y a los vínculos humanos, el manejo del suspenso.     

Por otra parte, cuenta con excelentes actuaciones. En este sentido cabe destacar la de Romain Duris que, por encarnar al joven Tomás, soporta el mayor peso de la historia. También es notable el trabajo coprotagónico de Niels Arestrup, Jonathan Zaccaï, Gilles Cohen, Linh Dan Pham, Aure Atika y Emmanuelle Devos.

Por si esto fuera poco, está la banda de sonido de Alexandre Desplat que, además de funcionar como componente argumental del film, aporta belleza y emoción al relato.
 
En síntesis, El latido de mi corazón es una película muy bien lograda, atrapante, profunda, sugerente, con una envidiable capacidad para reflejar el miedo, la cólera y el sufrimiento que supone la peor de las luchas: la que mantenemos con nosotros mismos.
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* Suena a cargada la escena donde, en plena discusión telefónica con un mafioso ruso, Tomás empieza a insultarlo en inglés, como si estuviera protagonizando un film de acción yankee. Da la sensación de que, a través de su personaje, Audiard se burla de esas remakes hollywoodenses que se limitan a "trasplantar" guiones o parlamentos enteros sin ningún esfuerzo creativo.