4.48 Psicosis

Leonor Manso, entre la locura y la muerte4.48 Psicosis es la transcripción de un monólogo interno. Es la obra póstuma que Sarah Kane escribió antes de suicidarse a los 28 años. Es el testimonio lúcido del desasosiego, de la depresión. Es la crítica ácida a una psiquiatría narcotizante, cruel, nociva e inútil. Es el mensaje final para un mundo inhóspito, perverso e indiferente.  

En el teatro El Kafka, Leonor Manso se calza un pantalón de jogging y una camiseta verdes, y se convierte en Kane. Sola en escena, está sentada en una silla que le queda grande (tanto que sus pies desnudos cuelgan suspendidos en el aire). En ningún momento se levanta, y apenas se mueve. Salvo por una luz blanca que le encandila la cara, el resto es oscuridad… y palabras.

De hecho, la reconocida actriz le da cuerpo y alma a un parlamento crudo, directo, sin pelos en la lengua, por momentos reflexivo, por otros arrebatado. Así, gracias al notable manejo de su voz, consigue expresar el dolor, el agotamiento, el escepticismo, la impotencia, la angustia, la culpa, la rabia, el pesar de quien decide matarse.

El mérito es, sin dudas, de Manso. Pero también de Rafael Spregelburd, por su acertado trabajo de traducción, y del director Luciano Cáceres, cuya puesta en escena sabe explotar ciertos efectos de sonido, además de un juego de luces muy pertinente.

4.48 Psicosis impresiona, golpea, desarma, conmueve. Su fuerza testimonial nos empuja al abismo de la locura y de la muerte. Su cinismo nos atraviesa y nos quiebra de un modo devastador. Su lucidez nos exige atención, introspección y reconocimiento. A cambio, su interpretación nos devuelve sentimientos de pena, compasión y admiración.