Las tortugas también vuelan

Las tortugas también vuelanLa guerra es sórdida, implacable, devastadora, sucia, inmoral. Quienes vivimos en este lado del mundo lo hemos visto, leído y escuchado, pero gracias a Dios nunca lo hemos vivido. Tal vez por eso Las tortugas también vuelan nos resulte exagerada o, peor aún, morbosa y obscena. Tal vez por eso -y he aquí una interesante paradoja- prefiramos cuestionar a un director por lo menos desconsiderado antes que asumir un horror lejano y ajeno pero irremediablemente contemporáneo.

La película de Bahman Ghobadi es casi un documental. Los niños que la protagonizan no son actores. Sus miembros amputados no son un efecto de edición. Las bombas que desactivan no son de utilería. Las tiendas donde pernoctan no forman parte de un decorado.

En realidad, las cámaras del realizador iraní registran lo que sucede en un campo de chicos refugiados en la frontera turco-iraquí días antes de la invasión norteamericana y de la caída de Sadam Hussein. Si bien existe un guión responsable de relatar una ficción (la que cruza las vidas de Satellite, Pashow y Shirkooh con las de Agrin, Hengov y Riga), las imágenes superan ampliamente ese objetivo y se convierten en puro testimonio bélico.

Ante la contundencia de semejante material, uno sucumbe y se hunde en el más absoluto de los desconsuelos. Pero al mismo tiempo, quizás para paliar el descalabro emotivo, uno también se hace preguntas: de índole existencial (sobre la condición humana), política (en cuanto a nuestra realidad internacional o a la hegemonía norteamericana) y ética (hasta dónde un cineasta puede/debe mostrar ciertas miserias). 

Sin dudas, Las tortugas también vuelan es un film provocador y molesto, porque nos arranca de la comodidad de las butacas y nos obliga a ver, a escuchar y a sentir lo inenarrable, lo inimaginable, lo inconcebible, lo inaceptable. De una manera brutal y exasperante, Ghobadi nos arroja a las fauces de un monstruo grande que pisa fuerte. Y eso es lo que, desde este lado del mundo, nos cuesta tanto permitir (y perdonar).

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

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