El Señor Ibrahim y las flores del Corán

El Señor Ibrahim y las flores del CoránUna vez, hablando sobre el conflicto en Medio Oriente, alguien me recomendó ver El Señor Ibrahim y las flores del Corán. Filmada en 2003 pero ambientada en el París de los años '60, la película narra la historia de amistad entre un viejo almacenero turco y un adolescente judío. El resultado: una bella parábola sobre la convivencia religiosa, cultural y generacional. 

Lo primero que llama la atención de esta propuesta es la participación de Omar Sharif. Es que, a priori, cuesta imaginar al playboy egipcio en la piel de un personaje que transmite tanta calma y ternura. Sin embargo, su entrega es extremadamente profunda y conmovedora, digna del premio César (el Oscar del cine francés) otorgado en 2004.

Luego viene la grata sorpresa que provoca el principante Pierre Boulanger. De hecho, aún cuando éste es su primer rol protagónico, el muchacho de 16 años no tiene problemas en ponerse a la altura de su compañero de ficción. 

Al margen de las actuaciones, el largometraje también se destaca por un guión simple, bien armado, con parlamentos breves y sin estridencias. Sin dudas, François Dupeyron sabe aprovechar recursos narrativos, interpretativos y fotográficos para hacer una versión verdaderamente cinematográfica de la novela de Eric-Emmanuel Schmitt.

Cada vez que Momo le pregunta a Ibrahim porqué está siempre tan contento, el viejo almacenero sonríe y contesta "yo sé lo que dice mi Corán". Ajena a toda actitud fundamentalista, la respuesta nos invita a despojarnos de los prejuicios y a compartir creencias, tradiciones, sentimientos. En síntesis, se trata de un muy buen motivo para -ahora me toca a mí- recomendar tan entrañable película.