Hierro-3

Hierro-3Después de los dardos arrojados contra El sabor del té, es hora de hacer justicia y de honrar al cine oriental. Para tal fin, nada mejor que dedicarle una reseña a Hierro-3, película coreano-japonesa cuya edición en video/DVD será lanzada en Buenos Aires en el transcurso de este mes.

En parte, el reconocimiento es también un tributo a Ki-duk Kim, verdadero maestro del Séptimo Arte contemporáneo. Muchos lo descubrimos a través de Primavera, verano, otoño, invierno y otra vez primavera, título inolvidable por la profundidad de su guión, por la belleza de sus imágenes y por el silencio de sus protagonistas.

Con Hierro-3, el aclamado guionista y director vuelve a dar muestras de su genialidad, pero no de una manera grandilocuente, sino con la discreción de aquel artesano que -aislado en su taller- crea piezas únicas e inconfundibles. De hecho, sólo un espíritu observador, sensible, ajeno a las luces de neón, es capaz de darle cuerpo a una historia de amor entre un okupa sui generis y una mujer golpeada.

Asimismo ese espíritu también puede referirse al amor, a la soledad, a la violencia, al abuso de poder desde un enfoque por momentos absolutamente terrenal, por momentos metafísico. En ambos casos, su discurso es escaso en parlamentos y rico en alegorías visuales [en distintas entrevistas Ki-duk Kim dijo que la palabra sirve más para esconder o (di)simular que para efectivamente expresar].

Como su antecesora, Hierro-3 cautiva por la profundidad de su guión, por la belleza de sus imágenes y por el silencio de sus protagonistas. La coincidencia no es casual, y tampoco es síntoma de repetición o de autoplagio. Se trata, simplemente, de la marca indeleble con la que todo orfebre sella su obra.