El niño

El niñoSobriedad, pertinencia, coherencia, sensibilidad… Cualidades raras en el cine de hoy, y sin embargo todas presentes en la obra de Luc y Jean-Pierre Dardenne. Efectivamente, a través de un sello inconfundible, los hermanos belgas vuelven a deslumbrar con El niño, último largometraje que parece cerrar la trilogía iniciada con las igualmente conmovedoras El hijo y La promesa.

A simple vista, el film parece un documental. Por un lado, la presencia de una cámara testigo, capaz de seguir a los personajes desde atrás, por momentos de manera agitada, nos da una sensación de verosimiltud similar a la que provoca un trabajo de investigación periodística. Por el otro, está la entrega de Jérémie Renier y Déborah François, cuya actuación es -en una sola palabra- impresionante.

Sin dudas, el «realismo» de los Dardenne es un reflejo de la franqueza con la que componen la historia y sus personajes. De hecho, sus películas exponen de modo directo, sin vueltas, la problemática planteada. Por lo tanto, no hay banda de sonido, ni vestuario, ni fotografía, ni escenografía que «maquillen» el relato. Dicho mal y pronto, lo que se ve es lo que es. 

El niño es una película impecable. Porque atrapa desde el comienzo. Porque la atención y la tensión que provoca nunca decae. Porque no le falta nada. Porque no hay nada de más. Porque dura el tiempo justo. Porque concientiza y conmueve. Porque -estoy segura- quedará grabada en nuestra futil memoria.