Ella en mi cabeza

Ella en mi cabezaSiempre me pasa lo mismo… En la calle, en el subte, en el tren, en el trabajo… Cuando me detengo en la cara de ese/a otro/a anónimo/a, callado/a, sumido/a en sus propios pensamientos, apuesto todo a que esa mente está concentrada en una sola persona, en el objeto de su afecto, en el/la culpable de inquietudes, angustias y quebrantos. Será por eso que me sentí atraída por Ella en mi cabeza. De hecho, después de tanto imaginar el taladrar de cabezas monotemáticas, por fin pude escucharlo, verlo, palparlo.

Cómo no asistir a semejante monólogo interno, cuando el autor y director Oscar Martínez elige el discurso psicoanalítico para transmitir los miedos, dudas, fantasías del protagonista/paciente/esposo al borde del estallido. La obra gira en torno a los avatares de Adrián, y su peso cae sobre los hombros de quien lo interpreta: el sorprendente Julio Chávez.

Chávez no sólo sorprende porque su talento actoral se afirma una y otra vez. También sorprende porque rompe el molde de aquellos personajes taciturnos, parcos, retraídos al que nos tiene acostumbrados desde hace un tiempo (para más detalles, vale la pena recordar sus protagónicos en en producciones como Epitafios, Extraño y Un oso rojo).

Juan Leyrado y Natalia Lobo lo acompañan con sensibilidad, con precisión, con la dosis justa de histrionismo. Fiel a un texto verborrágico (verborrágico como el inconsciente) pero no por eso redundante ni previsible, el trío compone una pieza al mismo tiempo reflexiva y divertida…. Por lo tanto, muy gratificante.