Nordeste

NordesteNordeste es una de esas películas urticantes que el statu quo suele tratar con indiferencia, sino con desprecio. Desde ya, todos nos desgarramos las vestiduras ante la innegable existencia del tráfico de niños pero, cuando existe la posibilidad de enfrentarla aunque sea a través del cine, la mayoría elige mirar para otro lado.

Es una pena, primero porque esta actitud refleja el desinterés, la abulia, el ombliguismo de una sociedad pacata e inconsistente. Segundo porque la propuesta de Juan Solanas vale por un guión acertado, fiel al medio que pretende describir, y por un manejo de actores que saca lo mejor de Carole Bouquet y de Aymará Rovera (el sitio oficial del film pasó por alto el protagonismo de la actriz argentina). 

Éste es el primer largometraje del hijo de Pino y, como tal, los espectadores podremos encontrar aspectos criticables (por ejemplo, algunas caracterizaciones estereotipadas o la concesión de un final abierto, si se quiere forzadamente optimista). También reconoceremos una (¿inevitable?) influencia paterna.

De todos modos, éstos son "peros" menores… Al parecer, lo que más molesta de Nordeste es su pretención de acercarnos a una realidad ajena a la rutina y confort de quienes podemos pagarnos una entrada al cine. Al fin y al cabo, la venta de bebés es cosa de almas pobres abandonadas a la buena de Dios y poco dignas de la volátil mirada porteña.